Maraton 10k
Nunca fui fanática de los
deportes. Prefiero quedarme sola en casa, viendo películas y comiendo canchita,
que salir a jugar un partido de vóley o de futbol. Esto era en sí un
inconveniente para la longeva tradición que mi colegio tiene hasta el día de
hoy: la maratón 10K. Desde que entre a mi colegio con solo 4 años de edad, veía
como año a año una promoción de quinto año llegaba con una antorcha a la
inauguración de las olimpiadas. Ahora era mi turno. Todavía no podía creer que
yo iba a ser la que correría y no sabía cómo lo iba a lograr. Todas en su
mayoría las mujeres, decíamos que no la íbamos a hacer y que para eso estaba el
bus, el cual nos acompañaría durante todo el trayecto de la maratón. Sin
embargo estoy segura que -al igual que yo- dentro de nosotras decíamos que haríamos
lo que sea para poder llegar a la meta.
Es por eso que todos acatamos a los entrenamiento previos que nuestro colegio recomendó. Recuerdo que en el primero de ellos nos enseñaron como nos debíamos de hidratar antes, durante y después de la maratón. Y es que era todo un proceso el de tomar agua unas horas antes o el de tomar una cantidad limitada de rehidratantes. Luego de ello empezaron los entrenamientos físicos. Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas, cuatro….vueltas a la cancha. Así fue como cada día de entrenamiento todo terminábamos matados y con las piernas temblorosas. Más aún me acuerdo que en el segundo entrenamiento –durante el cual trotamos por casi todo el colegio- terminé con dolor de cabeza y mareada. Fue muy raro, nunca había sentido esa sensación. A penas lo sentí, fue en la miss de Patty de cultura física y le dije: Miss estoy mareada, ¿es normal? Ella me miró y me dijo:(Asintiendo con la cabeza)…Si es que no realizas ejercicio hace tiempo, por supuesto. Fue en eso momento, por primera vez, donde evidencié los estragos que dejaba en mi salud el no realizar actividad física. Me había confiado durante todos estos años que en mí no iba a pasar nada, o más bien a surgir efecto el no hacer deporte.
Ya con el pasar de los días de
preparación, junto a mis compañeras y compañeros fuimos fortaleciendo ese
vínculo de ayudarnos mutuamente durante los entrenamientos. Sobretodo decidimos
aumentar más días a la realización de estos, ya que el único día que
entrenábamos eran los martes en el horario de educación física, por lo que
sentía que no era suficiente. Propuse en conjunto con Adriana, una de mis
compañeras, realizar recorridos a canchas y parques cerca de nuestras casas los
domingos en la mañana. Gabriela, otra compañera también se animó. (Muestra perseverancia y compromiso personal
en sus actividades) Emprende nuevos desafíos y desarrolla nuevas
habilidades.
Al principio me costó ir a los
entrenamientos que organizábamos por nuestra cuenta. Sin embargo con el tiempo
me fui acostumbrando a este nuevo hábito. Cada vez me cansaba menos y me di
cuenta que era una actividad relajante. Asimismo fue mejorando en mi
resistencia y en mis tiempos. (Emprende nuevos desafíos y desarrolla nuevas habilidades.)
Pasado unas cuantas semanas, el
día de la maratón se acercaba. El día
anterior a este evento, nos dijeron que teníamos que estar a las 8 y media de
la mañana en la Puerta del Pentagonito (campo militar en el cual recorreríamos los
primero 5 km). ; y así fue.
La mañana siguiente, llegué y me
encontré con mis compañeros y profesores que nos acompañarían durante toda la
maratón. Después de aproximadamente media hora, la caminata comenzó.Durante esta, al principio me
cansé un poco por los nervios. Minutos después me fui tranquilizando, por lo
que mi resistencia perduró. Luego de los 5 km, me sentí muy cansada, pero aun
así no quise subir al bus que acompañaba a toda mi promoción en casos de
emergencias. Trotaba y luego caminaba. Gracias a la ayuda de mis compañeros y
compañeros pude seguir avanzando, y así
poder cumplir la meta de llegar a
nuestro colegio es perfecto estado. (Trabaja en colaboración con otras personas).

Cuando ingresamos al colegio,
todavía faltaba otra meta: el de dar las dos vueltas a la cancha de nuestro
colegio en frente de nuestros padres, chicos menores y de nuestros profesores. Esa
fue la parte que más recuerdo, ya que recuerdo que corrí con todas mis fuerzas
viendo al mismo a profesores que me habían enseñado cuando era pequeña;
personas que me vieron crecer durante casi 10 años de mi vida escolar.
